Ni adulados ni avasallados


Lo más frecuente es que los niños, en la trágica condición en la que se les pone, sean o adulados o avasallados.





Se encuentran debatiéndose entre esos dos tratamientos, ambos abusivos: la tierna mirada sobre su verde paraíso (“Aprovechen, igual que nosotros disfrutábamos a vuestra edad”), o bien el dedo enhiesto, cargado de correcciones, apuntando hacia un modelo que hay que imitar. En ambas actitudes, el conformismo es reductor. Oculta la verdad: el niño que viene al mundo debería recordarnos que el ser humano es un ser que viene de otra parte y que cada uno nace para aportar a su tiempo algo nuevo.



 Francoise Dolto 
Ilustración de Oliver Jeffers
Fuente: Estrategias Educativas

EL ACOSO ESCOLAR CRÓNICO

por Harris y Petrie
A veces, las víctimas y los testigos pasivos no denuncian el acoso escolar porque los adultos son oyentes indiferentes, que esperan que los niños sepan solucionarse sus propios problemas y defenderse solos. Otras veces, los alumnos no hablan de esas cosas simplemente porque les da vergüenza verse incapaces de abordar un problema de este tipo. Lamentablemente, los niños que han sufrido el acoso de forma crónica en realidad empiezan a pensar que de algún modo merecen que se les trate de esa manera.


Fuente Estrategias Educativas
Ilustración de Chuck Groenink

Para ser psicoterapeuta

.... ¿cuánto amas a las personas en general?

Un amor lo suficientemente bueno como para poder entregarte al proceso a pesar de los cansancios, o de lo difícil del caso, o de los obstáculos que tanto tú como él encuentren en el camino, obstáculos tanto externos como internos.
Es necesario recordar constantemente que el paciente no viene a sesiones para reforzar nuestro narcisismo, ni para hacernos sentir importantes porque en este caso nosotros tomamos el rol del que ayuda al otro.



Muchas veces he visto y escuchado cómo algunos terapeutas se siente orgullosos de sus éxitos, de sacar a un paciente del hueco.
Yo no creo que esta sea la cuestión, tengo muy grabado lo que me enseñaron los Polster " no hay buenos terapeutas, sino buenos pacientes". Y creo que es una verdad inmensa. A nosotros nos queda ser responsables de nuestra función, preparándonos enormemente con nuestro trabajo persona, con supervisiones, lecturas, formación mantenernos al día, etc, para brindar multiplicidad de herramientas en las cuales el paciente pueda ensayar y escoger; pero son ellos, no lo olvides nunca, los que han hecho posible que su proceso siga adelante.

Loretta Cornejo.
Cartas a Pedro.

Mis ancestros

 
 
De pronto mis ancestros caminan detrás mío.
"Quédate quieta y escucha"-Ellos me dicen, - "Tu eres el resultado del Amor de Miles que te precedieron"

Linda Hogan
Fuente: Mujer Árbol 
 
 



 

Escucha...

Escucha la sabiduría de tu cuerpo, que se expresa por señales de
comodidad e incomodidad.





Cuando elijas cierta conducta, pregunta a tu cuerpo que siente al respecto. Si tu cuerpo envía una señal de inquietud física o  emocional, ten cuidado.
Si tu cuerpo envía una señal de comodidad y anhelo, procede.
Deepak Chopra




 

Calificaciones escolares- No premies las notas


Un recurso habitual de los padres para animar a los hijos a estudiar es prometerles grandes regalos si aprueban o si sacan buenas notas.
Sin embargo, los especialistas en educación lo consideran un error, ya que el niño no debería necesitar premios externos y materiales para disfrutar con el aprendizaje; su mejor estímulo debería ser descubrir cosas nuevas, plantearse retos y desarrollar sus intereses.
Las buenas notas se pueden elogiar, aplaudir e incluso celebrar, pero nunca comprar, porque se convierte al niño en esclavo del estímulo material.


¿Premiar Notas?

Muchos padres, llenos de buena voluntad, prometemos a nuestros hijos grandes premios para animarles a estudiar. Pero los educadores ven en ello un método arriesgado que no siempre viene acompañado de mejores resultados.
 
¿Una herramienta educativa?

Todos tanto padres como educadores deseamos fervientemente que nuestros hijos y alumnos saquen buenas notas en el colegio. La inteligencia es un factor muy complejo que, afortunadamente, los psicólogos y profesionales de la enseñanza tratan cada día con más delicadeza y profundidad. Ahora ya se sabe que hay muchas clases de inteligencia, una de ellas es la que necesita para superar los exámenes escolares. Pero afortunadamente no es la única. Aunque el valor de una persona no puede ni debe medirse por el catalejo miope de las calificaciones académicas, lo cierto es que en la sociedad actual tienen un valor desmesurado, y que los padres hacemos todo lo que podemos para que las notas de nuestros hijos sean lo más brillantes posible.
Dentro de esta dinámica, un recurso muy utilizado por los padres es ofrecer a su hijo un regalo si aprueba la evaluación o si saca buenas notas. Pero estas técnicas no acostumbran a tener el resultado que habíamos imaginado.

No existe ningún estudiante al que le guste fracasar en sus exámenes. La satisfacción por el éxito es algo natural en las personas pero los padres acostumbramos a explotarlo muy poco. Infravaloramos esa necesidad que tiene todo ser humano de demostrarse a sí mismo y a los demás lo que es capaz de hacer y la sustituimos por un bien material. Pero en realidad, la alegría y el bienestar interior que producen el éxito y la superación de las dificultades, no se puede suplir con ninguna recompensa material.
Cuando prometemos un regalo a nuestro hijo para que apruebe en una evaluación, fomentamos que en la siguiente nos pida algo superior como recompensa, pero a medida que crece irá demandando premios mayores y estos premios pueden pasar a ser un chantaje a cambio del aprobado.

Y esa no es una buena manera de proceder. Las buenas notas se han de elogiar, ensalzar, aplaudir, todo lo que queráis, pero jamás comprar. El trabajo del estudiante es estudiar. El nuestro es apoyarle en todo lo que necesite como estudiante y como persona. Reconocerle sus méritos, habilidades y ayudarle a aceptar sus limitaciones que también las tiene, como todo el mundo.
Además, cuando a pesar de la recompensa prometida, el niño no triunfa, la sensación de fracaso aumenta porque no ha conseguido la meta ni siquiera con los estímulos anunciados. Desde esta perspectiva, cuanto más grande es el premio, mayor es el malestar interior que provoca el fracaso y más disminuye la autoestima.
Los especialistas no piensan que sea una buena técnica prometer para aprobar. Otra cosa diferente es que toda la familia se alegre de los éxitos de uno de sus miembros, lo alaben y lo festejen.

Pablo Pascual Sorribas