Sin peso ni medida

¿Qué es la inteligencia? ¿Por qué a veces, sabiendo que podemos optar por una actitud o tomar una decisión o respuesta más inteligente, no lo hacemos?
Gonzalo Odriozola




Se suele confundir inteligencia con conocimiento o información. Así, de alguien que acumula lecturas, documentación o ciertas habilidades en campos específicos se dice a menudo que es inteligente. E incluso se pone énfasis en medir y valorar los índices de inteligencia. En El gorila invisible, un trabajo que demuele con agudeza y con hechos varias ilusiones con las que actuamos en la vida cotidiana, Cristopher Chabris y Daniel Simons, doctores en Psicología, afirman que "no hay una forma conocida para medir la capacidad cerebral de una persona o para determinar qué cantidad de ella usa". La inteligencia no se pesa ni se mide. Personas con mucho conocimiento e información toman pésimas decisiones que los hacen infelices en los ámbitos de su vida que escapan a su especialización, e individuos con escasos títulos eligen de tal manera que viven con sentido y paz interior. De esto no debe sacarse la fácil conclusión de que la ignorancia y la simpleza contribuyen a la felicidad, sino que la inteligencia no es algo tan obvio como lo que se cree.
En 1993 Howard Gardner, psicólogo de la Universidad de Harvard propuso la idea de las inteligencias múltiples. Para Gardner, la inteligencia es la capacidad de resolver problemas de la vida diaria, generar nuevas situaciones, crear herramientas y ofrecer soluciones a otros. Esta capacidad surge en respuesta a las circunstancias que nos plantea la vida y se desarrolla a través de recursos propios e innatos (conocidos o por descubrir) y en la interacción con el medio. Luego se expresa, según los casos, como inteligencia lingüística, lógica, espacial, musical, cinestésica (corporal), intrapersonal, naturalista y existencial.
Quizá lo que nos impide tomar decisiones inteligentes es el desarrollo inarmónico o la escasa exploración de nuestros recursos, la confianza excesiva en sólo alguno de ellos y el no vernos como partes de un todo (perder de vista a los otros). También conspira el hecho de valorar antes el vehículo que el destino del viaje y el propósito del mismo

Sergi Sinay

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