La abundancia

La abundancia no es el dinero que tienes en tu cuenta bancaria, los trofeos que hay en tu estantería, las letras que vienen después de tu nombre, la lista de metas cumplidas, la cantidad de conocidos que tienes, tu cuerpo perfecto, o tus fervientes admiradores.



Es tu conexión con cada respiración, qué tan sensible eres al titileo de cualquier sensación y emoción en el cuerpo. Es el gozo con el que saboreas cada momento único, la alegría con la que saludas cada nuevo día. Es conocerte a ti mismo como presencia, el poder que crea y mueve a los mundos. Es tu corazón abierto, qué tan profundamente te permites ser tocado por el amor cada día, tu disposición para abrazar, para acoger todo lo que necesita ser acogido. Es la frescura de cada mañana, libre de la carga de la memoria o de las falsas esperanzas.

Es la sensación de la brisa de la tarde en tus mejillas, el sol calentando tu rostro. Es encontrarte con los demás en el campo de la honestidad y la vulnerabilidad, conectándote más allá de la historia, compartiendo lo que está vivo. Es tu arraigo en el momento presente, reconociendo que siempre estás en Casa, sin importar lo que pase, sin importar lo que se haya ganado ni lo que se haya perdido. Es tocar la vida en el momento de la creación, nunca viendo hacia atrás, sintiendo cómo se mueve el vientre en agradecimiento a cada respiración. Es caer de rodillas en asombro, riéndote de todas las historias que se cuentan, sumergiéndote más profundamente en el descanso.
Es la simplicidad. Es la bondad. Es tú, antes de cada amanecer, fresco, abierto, listo... y despierto.
¡Eres rico, amigo! ¡Eres rico!
- Jeff Foster
(Imagen: *Still by JessicaDrossin)

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