La cumbre de la inteligencia es la generosidad

La persona que vive encerrada la cárcel de su ego, tiene cuatro grandes temores:
1.- Miedo al espacio. El infinito se le hace intolerable. Por terror a lo informe, diseña edificios rectilíneos y vive en cuartos que son cubos. No concibe ser ciudadano del planeta y del Cosmos. Apoyándose en tradiciones caducas, desarrolla egoístas formas de patriotismo.
2.- Miedo al tiempo. Llena su vida de distracciones para olvidar la brevedad de su paso por el mundo. Si su aquí es un cubo, su ahora es un producto de relojes: le parece que ha dominado a la eternidad por llevarla en la muñeca, encerrada en una máquina.
3.- Miedo a la consciencia. Se contenta con hacer uso de diez células cerebrales, sin querer investigar en las incontables otras que no cesan de efectuar conexiones misteriosas en su cerebro. Permanece en su jaula de palabras y se convierte en un absurdo consumidor, transformando su angustia en infantilismo.
4.-Miedo a la vida. Detesta el cambio y se aferra a sus valores anquilosados. Exhibe sus sufrimiento con orgullo vanidoso, trata de “extravagantes”, “locos peligrosos” o “engendros diabólicos” a quienes, desdeñando la política corrupta, abogan por una mutación mental.

El individuo, sumergido en su ego, en su río de palabras, en su  dialogo interior, pierde el contacto con el mundo real. Negando la multiplicidad del Cosmos, tiende a simplificarlo en fórmulas intelectuales. Mas toda simplificación acarrea sufrimiento. Vivir en un egoísta engaño mental conduce a creerse inferior, a padecer angustia, a sentirse mutilado, a temer ser abandonado y perderlo todo.
Sin embargo este ego implantado en nuestro ser auténtico por la familia, la sociedad y la cultura, se puede convertir en una fuente de felicidad si se le hace mutar, inyectándole en sus sistemas petrificados pensamientos, sentimientos y deseos generosos.





Te ruego que te permitas pensar lo siguiente:
1.- El espacio entero, aquel que ocupa el universo, es mi cuerpo. Soy este inmenso conglomerado de distancias y astros. Mi límite no es mi piel. Mi espíritu se extiende sin límites hasta los confines del cosmos. Estoy en todo, lo abarco todo. ¡Amo a mi cuerpo infinito!
2.- El tiempo es lo que a mí me sucede. El universo no tiene fin. Nada en él muere, todo en él cambia. El cosmos, mi cuerpo, está cambiando segundo a segundo, yo estoy cambiando, nunca moriré, la muerte es sólo un concepto intelectual, yo soy eterno.
3.- La conciencia  es el resultado de la evolución de todos los seres vivientes. Nosotros, los humanos, de mutación en mutación formaremos una conciencia colectiva. Yo, individuo, llegaré a utilizar todas las neuronas de mi cerebro, para convertirme, junto a todas las razas cósmicas evolucionadas, en un universo de energía espiritual pura, parido en verdad por la generosidad de la materia.
4.- Abro la jaula del ego y me entrego a la vida, dándome completamente, siendo lo que auténticamente soy, no queriendo apoderarme de nada porque todo el universo es mío. No sintiéndome abandonad@ porque sé que los seres estamos unidos; no sintiéndome inferior porque soy el germen de la divinidad androgina; no sintiéndome angustiad@ porque sé que mi cerebro lo sabe todo, lo puede todo, es todo; no sintiéndome mutilad@ porque soy capaz de vivir integrad@ a la humanidad y al Cosmos.
Alejandro Jodorowsky- Plano Creativo
Fotografía: © Nataly Frigo

 

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