Dejarse en paz



Un árbol no se piensa, es.
Una flor no se piensa, es.
Un animal no se piensa, es.
Una puesta de sol no se piensa, es.
 

 



Se muestran como son. Transmiten paz porque se dejan en paz. Y desde su simplicidad y esencialidad nos conmueven con su autenticidad, su originalidad y su belleza. No hay aderezos, imposturas, añadidos, corazas, defensas ni ánimo de seducción o manipulación.

Creo que lo simple, cuando es bello y auténtico, nos conmueve porque convoca esos mismos principios en nosotros mismos. De ahí la inmensa belleza del alma inocente de los niños: no se piensan, son. Y en ellos, a través de ellos fluye la vida pura. La misma inocencia nos conmueve en esos seres humanos que son capaces de mostrarse sin demasiados maquillajes ni corazas, porque mantienen vivo y latiente la alegría que emana de su niño interior.


Àlex Rovira 

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