La paz verdadera

La paz verdadera siempre es posible. Sin embargo, requiere fuerza y práctica, especialmente en tiempos de grandes dificultades. Para algunos, la paz y la no-violencia son sinónimos de pasividad y debilidad. En realidad, practicar la paz y la no-violencia no es nada pasivo. Practicar la paz, hacer que la paz viva en uno mismo, significa cultivar de forma activa la comprensión, el amor y la compasión, incluso frente a los malentendidos y los conflictos. Practicar la paz, especialmente en tiempos de guerra, requiere coraje.

Huella
 
Todos nosotros podemos practicar la no-violencia. Se empieza por reconocer que, en las profundidades de nuestra conciencia, a la vez se encuentran las semillas de la compasión y las semillas de la violencia. Tomamos conciencia de que nuestra mente es como un jardín que contiene todo tipo de semillas: semillas de comprensión, semillas de perdón, semillas de atención, y también semillas de ignorancia, miedo y odio.
Nos damos cuenta de que en cualquier momento podemos actuar con violencia o bien con compasión, dependiendo de la fuerza que tengan estas semillas dentro de nosotros.

Cuando regamos las semillas de ira, violencia y miedo varias veces al día, crecen con más fuerza. Entonces somos incapaces de ser felices, incapaces de aceptarnos a nosotros mismos; sufrimos y hacemos sufrir a los que nos rodean. Pero cuando sabemos cómo cultivar las semillas de amor, compasión y comprensión, estas semillas se harán fuertes y las semillas de violencia y odio se harán cada vez más débiles.
 

Si entendemos esto, ya estamos de camino hacía la paz
Thich Nhat Hanh

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