La fábula hablará de la humildad y de la autenticidad, para llegar a ser lo que somos y no lo que los otros quieren que seamos:

En un poro de la piel, como si fuera un pozo profundo, vivía prisionera una colonia de microbios. Todos miraban el azul del cielo que de vez en cuando brillaba en la boca de la cárcel y soñaban con salir un día para revolcarse en los verdes prados y vivir junto al penetrante aroma de las flores. Parados en dos filamentos, expresaban sus grandes ilusiones: “¡Yo me inflaré y pronto, convertido en globo, podré flotar hasta arriba!” “¡Ilusos, hagan como yo: críen músculos y sean fuertes!” “¡Con estos seudópodos me tallaré escalones a latigazos!” Y así se pasaban los días, pero mientras ellos trataban de aumentar en cualquier forma posible, hubo un microbio que comenzó a plegarse como acordeón, haciéndose cada vez más pequeño. El jefe de los esperanzados lo miró desde lo alto de su orgullo: “¡Este estúpido se está encogiendo!” La colonia lo despreció y, como continuara prensándose, sus integrantes fruncieron el núcleo: “¡Se burla de nosotros! ¡Pretende expresar su desprecio...