Un antiguo proverbio judío dice que con la mentira se puede ir muy lejos, pero el problema es que no se puede volver. Cabría agregar que nadie se interna en ese camino por casualidad o ignorancia. Quien miente sabe la verdad y la oculta o falsea. Salvo cuando existe una finalidad moral (salvar una vida, preservar algo que mejorará al mundo), la mentira atenta contra el otro (contra su credulidad, su inocencia, su confianza, su buena fe, sus sentimientos). Es inmoral. Y también es perversa, porque denota mala intención y ausencia de empatía . Cuando la mentira se convierte en moneda corriente en una sociedad y es de uso común en las relaciones íntimas y privadas así como en las públicas y sociales; cuando se la entroniza en los medios, en la política, en la economía, en los negocios, en la práctica deportiva, en el quehacer cultural y científico, en la publicidad y el marketing, estamos ante algo más grave que una picardía o un ventajismo. Lentamente llegamos a un punto en el cua...