Pertenencia y desgracia

Hay que saber que cada uno es feliz en sus problemas. Es una felicidad muy profunda porque en la desgracia se siente unido a otros y siente que pertenece. La felicidad, por su parte, hace que uno se sienta solo.
 
 
 
Para ser feliz, entonces, debemos desprendernos de algo y eso da miedo. Un camino posible es enfrentar ese miedo, crecer, ir más allá del círculo de la familia hacia otro círculo concéntrico exterior a ella y que nos une con algo superior. Otro camino posible es quedarse en ese calorcito de lo conocido, repitiendo la suerte familiar, juntos en el dolor, la desgracia o la muerte.
Crecer siempre implica un parto, una partida, ir más allá de la imagen de nosotros mismos. Tener el coraje de caminar hacia lo desconocido para intentar tocar algo de nuestro potencial, de la fuerza verdadera que vive en cada uno, cuya raíz está firmemente anclada en la historia familiar y en las peripecias de nuestros antepasados, pero que nunca es tan magnética como lo que nos espera para desarrollar, aportar, crear. Ir un poco más allá, así se hace el camino nuevo, con toda la fuerza de lo que haya ocurrido empujando en la espalda, pero la mirada puesta adelante en la vida que se abre para nosotros, misteriosa y anhelante.
El manantial no tiene que preguntar por el camino- Bert Hellinger

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